Calcular correctamente el déficit calórico para perder peso: cuáles son los límites
Lo más importante, en resumen
El punto de partida honesto: ninguna de las instituciones consultadas para este artículo —DGE, IQWiG, BZfE y Verbraucherzentrale— menciona una cifra para el tamaño ideal de un déficit calórico diario. La muy citada regla de las 500 kcal aparece en muchos textos, pero en ninguna de estas fuentes.
Lo que estas fuentes sí mencionan son otras dos magnitudes, y resultan más útiles en la práctica. En primer lugar, los límites mínimos: según la Verbraucherzentrale, por debajo de 1.200 kilocalorías para las mujeres y de 1.500 para los hombres es necesaria una supervisión médica continua. En segundo lugar, los ritmos: según el BZfE, perder entre uno y dos kilogramos de peso al mes es la medida adecuada.
De ahí se deriva un método que prescinde de una cifra de déficit inventada: pensar hacia arriba en términos de ritmo, hacia abajo en términos de límite y, entre ambos, elegir el valor que puedas mantener durante meses.
Esto es lo que encontrarás en este artículo
1. Por qué no existe una cifra de déficit respaldada por pruebas
2. Las magnitudes respaldadas por pruebas
3. El límite mínimo y por qué existe
4. Qué sucede con la masa muscular y el metabolismo basal
5. Déficit moderado, elevado o dieta de choque: la comparación
6. El efecto yo-yo y sus causas
7. Cómo establecer tu déficit
8. Cuándo se necesita acompañamiento médico
9. Lo que importa al final
Preguntas frecuentes
Fuentes
Por qué no existe una cifra de déficit respaldada por pruebas
Quien busca «calcular el déficit calórico» recibe casi siempre la misma respuesta: 500 kilocalorías por debajo de las necesidades equivalen a medio kilogramo por semana. El cálculo resulta intuitivo, pero no aparece en ninguna de las fuentes utilizadas aquí.
“
«Perder entre uno y dos kilogramos de peso al mes es la medida adecuada».
Centro Federal de Nutrición (BZfE)
El camino hacia el peso ideal, edición de 2026
Resulta llamativo lo consecuentes que son las instituciones al reformular la pregunta. No hablan de kilocalorías de déficit, sino de kilogramos al mes, de porcentajes del peso inicial y de límites mínimos de calorías. No es una evasiva, sino una indicación de lo que puede afirmarse de forma general con sentido.
Qué habla en contra de una cifra general
Un déficit de 500 kilocalorías significa algo distinto para alguien con una necesidad de 3.000 kilocalorías que para alguien que necesita 1.800. En el primer caso quedan 2.500 kilocalorías; en el segundo, 1.300, un valor cercano al límite a partir del cual, según la Verbraucherzentrale, se requiere supervisión médica.
Precisamente por eso los datos documentados se expresan de forma relativa. La Verbraucherzentrale escribe: según el peso inicial, se pueden perder entre 500 gramos y un máximo de 1 kilogramo por semana. El IQWiG indica una cifra porcentual: según el peso inicial, médicas y médicos recomiendan perder entre un 5 y un 10 % en un periodo de 6 a 12 meses.
Para ti esto significa que, en lugar de adoptar una cifra, la estableces a partir de tus necesidades, de la tasa que aspiras a alcanzar y del límite inferior. Cómo hacerlo concretamente se explica en el capítulo 7.
Se suma una segunda razón, de carácter práctico. Un déficit no puede medirse directamente, sino solo estimarse a partir de una necesidad estimada y una ingesta estimada. Dos estimaciones superpuestas no producen precisión, por muy exacta que parezca la cifra intermedia. En cambio, una tasa se obtiene de la báscula.
Eso explica exactamente por qué las instituciones prefieren hablar de resultados en lugar de variables de ajuste. Los kilogramos al mes se pueden comprobar. El déficit de kilocalorías es una suposición basada en dos magnitudes, ambas inciertas.
Las magnitudes respaldadas por la evidencia
Tres cifras forman el marco en el que se mueve todo cálculo sensato. Proceden de tres instituciones diferentes y describen el mismo hecho desde perspectivas distintas.
Fuentes: Centro Federal de Nutrición (BZfE), 2026 · Instituto para la Calidad y la Eficiencia en la Atención Sanitaria (IQWiG), 2022 · Centro de atención al consumidor, 2025.
Compara las dos primeras cifras y encajan. Perder entre uno y dos kilogramos al mes equivale a entre 12 y 24 kilogramos en doce meses; con un peso inicial de 100 kilogramos, la mitad inferior de este intervalo se encuentra exactamente en el rango del 5 al 10 por ciento mencionado por el IQWiG.
La tercera cifra opera en la dirección contraria. No indica a qué velocidad debes perder peso, sino dónde termina la autogestión. Un plan que te sitúa por debajo de estos valores no es un plan ambicioso, sino uno que requiere supervisión médica.
De la interacción entre las tres cifras se desprende un orden útil. Primero compruebas cuánto margen hay realmente entre tus necesidades y el límite inferior. Solo después decides qué parte de ese margen utilizar, y no al revés, fijando una tasa deseada para ver qué queda.
Para las personas con una necesidad elevada, este margen es amplio; para quienes tienen una necesidad baja, es reducido. Esa es la razón por la que la misma tasa objetivo resulta más exigente para una persona que para otra, y por la que una la alcanza mientras la otra fracasa, aunque ambas hagan lo mismo.
El límite inferior y por qué existe
La afirmación más clara sobre el límite inferior procede del centro de atención al consumidor: en los programas que duran varios meses o cuando las cantidades diarias de energía son muy bajas —es decir, menos de 1.200 kilocalorías para las mujeres y menos de 1.500 para los hombres— es necesaria una supervisión médica continua.
La misma fuente es aún más clara en un nivel inferior: los programas dietéticos que recomiendan una ingesta energética inferior a 1.000 kilocalorías apenas se pueden mantener debido al hambre intensa, y la insuficiencia de nutrientes está predeterminada.
Qué ocurre con las dietas muy desequilibradas
La Verbraucherzentrale es concreta al hablar de las dietas relámpago. Una alimentación extremadamente desequilibrada puede provocar carencias nutricionales después de un tiempo; no se pueden descartar daños para la salud, sobre todo en las dietas con un contenido muy bajo de proteínas, incluso si solo duran poco tiempo, es decir, como máximo cuatro semanas.
A esto se suman las consecuencias cotidianas que muchos subestiman: durante este periodo, a menudo resulta más difícil concentrarse, se tiene un menor rendimiento y se está cansado con más frecuencia; además, pueden aparecer dolores de cabeza y problemas circulatorios. No es un efecto secundario que simplemente haya que aceptar, sino la razón por la que estas fases rara vez se mantienen hasta el final.
Lo destacable de esta enumeración es que todas las molestias mencionadas actúan en la misma dirección. Quien está cansado y tiene un menor rendimiento se mueve menos, y con ello reduce precisamente la parte del gasto energético que un déficit muy grande pretendía aprovechar. En este punto, el cálculo se vuelve contra sí mismo.
Para las dietas de fórmula, la DGE establece un límite temporal específico: una aplicación de más de tres semanas debe realizarse bajo supervisión médica. También es un límite inferior, pero temporal en lugar de calórico.
En resumen
Ninguna de las instituciones analizadas establece una cifra general válida para el tamaño de un déficit calórico. En cambio, sí están documentados ciertos límites inferiores: según la Verbraucherzentrale, por debajo de 1.200 kilocalorías al día para las mujeres y de 1.500 para los hombres es necesario un seguimiento médico continuo; por debajo de 1.000 kilocalorías, se considera que un programa es difícilmente sostenible y que la insuficiencia de nutrientes está predeterminada. Además, la DGE limita las dietas de fórmula a tres semanas sin supervisión médica. Estos límites no indican a qué velocidad se debe perder peso, sino dónde termina la autogestión.
Qué ocurre con la masa muscular y el metabolismo basal
Aquí se encuentra el mecanismo que hace que toda pérdida de peso resulte más difícil con el tiempo, y el IQWiG lo describe claramente. El gasto energético en reposo de una persona depende sobre todo de la proporción de masa muscular con respecto al peso. En promedio, el gasto energético en reposo representa alrededor del 70 % de las necesidades calóricas totales.
Y además: con la pérdida de peso también disminuye la masa muscular. Por eso, el cuerpo necesita menos energía, es decir, menos calorías. Según el IQWiG, esto significa que cuanto más peso se pierde, más difícil resulta mantener el peso alcanzado o seguir perdiendo peso.
Esta cadena es la verdadera respuesta a la pregunta de por qué un déficit calculado una vez no sigue siendo válido indefinidamente. No es que el cálculo sea incorrecto: cambia el valor de partida. Quien después de tres meses sigue calculando con el mismo valor que al principio está trabajando con unas necesidades que ya no existen.
Una cifra con una salvedad expresa
Sobre cuánto puede disminuir el metabolismo basal, solo se encuentra una cifra, y debe reproducirse con su atribución. El centro de asesoramiento al consumidor escribe que el metabolismo basal puede reducirse de forma permanente entre un 10 y un 40 % tras repetir dietas exprés. No cita una prueba concreta al respecto, y ninguna de las otras instituciones examinadas menciona una cifra comparable.
Por eso aquí aparece como una afirmación del centro de asesoramiento al consumidor y no como un consenso. En cuanto a la dirección del efecto, coincide con el mecanismo descrito por el IQWiG; en cuanto a su magnitud, no debería tratarse como un valor confirmado. La diferencia entre «demostrado» y «mencionado por una fuente» es aquí lo bastante relevante como para explicitarla.
Y una observación sobre un remedio evidente: ni la DGE, ni el IQWiG, ni el BZfE ni el centro de asesoramiento al consumidor recomiendan específicamente el entrenamiento de fuerza o aumentar la ingesta de proteínas durante una pérdida de peso. La DGE incluso considera expresamente poco clara la evidencia sobre el papel de las proteínas en una dieta de reducción. Quien esperaba una indicación clara al respecto no la encontrará en estas fuentes.
Eso no significa que el ejercicio no aporte nada, sino que la justificación es distinta de la conservación de la masa muscular. Lo que sí está demostrado es su efecto sobre el peso: según el IQWiG, después de doce meses, los participantes físicamente activos habían perdido casi dos kilogramos más que quienes solo modificaron su alimentación. Su actividad consistía en practicar entre 3 y 5 veces por semana, durante 30 a 45 minutos, un ejercicio de intensidad ligera, como caminar a paso rápido.
Al mismo tiempo, el IQWiG matiza: por lo general, una mayor actividad física por sí sola no basta para perder suficiente peso. Por tanto, el ejercicio modifica el balance, pero no lo sustituye; además, eleva el factor de actividad con el que calculas tus necesidades.
Moderada, drástica o exprés: la comparación
La siguiente comparación presenta tres enfoques según los mismos criterios. No sustituye al asesoramiento individual, pero hace visible qué ocurre en cada caso.
| Criterio | Reducción moderada | Reducción drástica | Dieta exprés |
|---|---|---|---|
| Ritmo esperable | Entre 1 y 2 kg al mes: según el BZfE, la medida adecuada | Hasta un máximo de 1 kg por semana, según el peso inicial | Más a corto plazo: el centro de asesoramiento al consumidor la describe como «muchísima cantidad en el menor tiempo posible» |
| Relación con el límite inferior | Por lo general, se mantiene claramente por encima de 1.200 o 1.500 kcal | Puede situarse por debajo del límite cuando las necesidades son bajas | La rebasa con regularidad, a veces situándose por debajo de 1.000 kcal |
| Masa muscular | Disminuye con el peso, como ocurre con cualquier pérdida de peso (IQWiG) | El mismo mecanismo, con efecto más rápido | Según la Verbraucherzentrale, el riesgo de que el organismo descomponga masa muscular es especialmente alto |
| Aporte de nutrientes | No supone un problema si la selección es variada | Requiere una selección consciente | Pueden producirse carencias; no se pueden descartar daños para la salud con un contenido proteico muy bajo |
| Supervisión médica | Se recomienda una evaluación previa | Es necesario en cuanto se desciende por debajo del límite inferior | Es necesario un seguimiento continuo |
Datos según el Bundeszentrum für Ernährung (BZfE), el Institut für Qualität und Wirtschaftlichkeit im Gesundheitswesen (IQWiG) y la Verbraucherzentrale. Las denominaciones de las columnas «descuento moderado» y «descuento elevado» son términos editoriales de ordenación y no categorías de las instituciones mencionadas; ninguna de ellas indica una cifra para la magnitud de un descuento.
El efecto yoyó y sus causas
El IQWiG lo define brevemente: muchas dietas no tienen éxito a largo plazo o incluso provocan un efecto yoyó; en ese caso, un tiempo después de la dieta, el peso es mayor que antes. La DGE describe la misma evolución desde la perspectiva de las personas afectadas: después de la dieta vuelven a ganar peso igual de rápido, a veces incluso más del que habían perdido, cuando retoman sus antiguos hábitos alimentarios.
No es incorrecto el cálculo; cambia el valor de partida.
En ambas descripciones subyace la misma causa: los hábitos alimentarios no han cambiado. La DGE lo ilustra con las dietas de fórmula: dado que su consumo por sí solo no produce un cambio en la alimentación, debe advertirse del riesgo de un efecto yoyó.
El BZfE añade un enfoque explicativo más reciente procedente de la investigación: según este, las células grasas recuerdan el estado de sobrepeso y pueden volver a él con mayor facilidad; los cambios moleculares persisten incluso después de una pérdida de peso considerable, lo que podría favorecer el efecto yoyó. El BZfE presenta estos resultados de forma descriptiva: se trata de un enfoque, no de una explicación definitiva.
En la práctica, esto cambia poco la conclusión, que la DGE formula con sobriedad: las frecuentes subidas y bajadas de peso alteran el metabolismo, las hormonas y la salud mental; por ello, a largo plazo, una pérdida de peso lenta y gradual es más saludable y tiene mayores probabilidades de éxito.
Por qué la fase posterior es más difícil
El IQWiG lo resume en una frase: mantener a largo plazo el peso perdido suele ser más difícil que perderlo. Es una información incómoda para quienes planifican una dieta como un proyecto con fecha de finalización.
La Verbraucherzentrale deriva de ello un requisito para los programas: para lograr el éxito a largo plazo, es importante seguir recibiendo apoyo una vez finalizado el programa; un programa debería estructurarse claramente en una fase de pérdida de peso, una fase de transición y una fase de seguimiento. Quien trabaja sin programa simplemente planifica por su cuenta estas tres fases.
En la práctica, esto significa que la cifra que te acompaña durante la pérdida de peso no es la misma con la que continuarás después. Tras la fase de reducción, la ingesta vuelve a ajustarse a las necesidades, ahora más bajas. Diseñar conscientemente esta transición es la parte que la mayoría de los planes omiten.
El BZfE formula la conclusión de manera práctica: Por lo general, solo una alimentación más saludable a largo plazo y más actividad física conducen a una pérdida de peso; y, una vez alcanzado el peso en el que te sientes bien, hay que mantenerlo conservando los nuevos hábitos.
Cómo establecer tu déficit
A partir de los factores demostrados puede construirse un procedimiento que prescinde de cifras inventadas. Consta de tres movimientos: desde arriba, desde abajo y a lo largo del tiempo.
Por arriba están tus necesidades energéticas totales. En nuestro artículo Cuántas calorías al día para perder peso se explica detalladamente cómo calcularlas a partir del metabolismo basal y del valor PAL. Esta cifra es el punto de partida del que se resta el déficit.
El límite inferior viene marcado por 1.200 kilocalorías para las mujeres y 1.500 para los hombres. Elige el déficit de modo que te mantengas claramente por encima, no justo por encima. Un valor que roza el límite no deja margen para porciones mal estimadas.
Y con el tiempo llega el ajuste. Después de cuatro semanas, comprueba si el ritmo encaja con una pérdida de entre 1 y 2 kilogramos al mes. Si estás claramente por debajo, el déficit era demasiado pequeño o las necesidades se habían estimado al alza. Si estás claramente por encima, era demasiado grande; y eso no es un éxito, sino un motivo para reajustarlo.
Ejemplo: Sandra, 42 años
Escenario ficticio a modo de ilustración
Sandra trabaja en una oficina y tiene unas necesidades energéticas totales de aproximadamente 1.900 kilocalorías. Su primer impulso es restar 500 kilocalorías, como se lee en todas partes. Eso daría 1.400 kilocalorías: todavía por encima del límite inferior, pero sin ningún margen para errores al estimar el aceite de la sartén o el café con leche. En su lugar, opta por un déficit menor y toma como referencia perder entre 1 y 2 kilogramos al mes. Después de cuatro semanas ha perdido 1,2 kilogramos y mantiene esa cifra. El ejemplo muestra que, con unas necesidades iniciales bajas, la cifra fija no es ambiciosa, sino sencillamente inadecuada.
Lo que deja pendiente el cálculo
Un déficit fijo responde a la pregunta de la cantidad. No responde a qué llenarás la energía restante ni a si te resulta más fácil elegir alimentos ricos en carbohidratos o en grasas. Esta cuestión no puede deducirse de las necesidades energéticas.

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Cuándo debe incluirse el acompañamiento médico
El centro de asesoramiento al consumidor formula una recomendación general que debe preceder a cualquier cálculo: antes de empezar a adelgazar, lo ideal es someterse a un examen médico para descartar posibles riesgos.
La recomendación es más concreta al alcanzar los límites ya mencionados: menos de 1.200 o 1.500 kilocalorías al día, respectivamente, y en el caso de las dietas de fórmula, durante más de tres semanas. Para los programas de adelgazamiento, el centro de asesoramiento al consumidor también indica como referencia un índice de masa corporal superior a 25 y señala que solo tienen una formación adecuada los médicos y las médicas especializados en nutrición, los nutricionistas, los especialistas y las especialistas en ciencias de la alimentación, los dietistas y las dietistas, así como los psicólogos y las psicólogas.
Para las personas mayores se aplica una valoración específica. Las dietas exprés, las curas de ayuno y los productos adelgazantes no son especialmente recomendables para las personas mayores; como objetivo realista, el centro de asesoramiento al consumidor menciona, según el peso inicial, una pérdida de aproximadamente 0,5 kilogramos al mes.
Y, finalmente, una situación que no necesita ninguna cifra: si la comida y el peso se han convertido en un tema que domina el día a día, la pregunta sobre cuál es el déficit adecuado es la pregunta equivocada. En ese caso, el tema requiere acompañamiento profesional, independientemente de lo que dé el cálculo.
Esta última situación es la única de este artículo para la que no existe una cifra, y no se debe a una carencia de las fuentes, sino a la naturaleza del asunto. Si la comida y el peso ocupan demasiado espacio, no se puede saber por las kilocalorías, sino únicamente por la atención que el tema reclama en la vida cotidiana. Quien se hace esta pregunta normalmente ya la ha respondido.
Lo que importa al final
La cifra que busca la mayoría no existe de forma respaldada por pruebas. Lo que sí existe es un margen: limitado por arriba por un ritmo de 1 a 2 kilogramos al mes y por abajo por 1.200 o 1.500 kilocalorías al día.
Dentro de este margen, no es la matemática lo que decide, sino la capacidad de mantenerlo. El mecanismo que describe el IQWiG —menos peso, menos masa muscular, menos necesidades— hace que cada pérdida de peso resulte más difícil con el tiempo. No ayuda aumentar el déficit, sino elegir un valor que todavía puedas mantener en el cuarto mes.
Tu siguiente paso concreto: calcula cuánto te dejaría realmente un recorte de 500 kilocalorías según tus necesidades y compara el resultado con las 1.200 o 1.500 kilocalorías. Si queda justo por encima o por debajo, esa cifra general sencillamente no es adecuada para ti; ahora sabes qué tomar como referencia: un ritmo que puedas comprobar en la báscula y un límite que no debes rebasar por debajo.
Preguntas frecuentes
¿Qué tamaño debería tener mi déficit calórico?
Ninguna de las instituciones consultadas para este artículo —DGE, IQWiG, BZfE y el centro de asesoramiento al consumidor— indica una cifra para el tamaño ideal del déficit. En su lugar, oriéntate por el ritmo: según el BZfE, perder entre 1 y 2 kilogramos al mes se considera la medida adecuada. Y ten en cuenta el límite inferior: según el centro de asesoramiento al consumidor, menos de 1.200 kilocalorías para las mujeres y 1.500 para los hombres requieren supervisión médica.
¿Es correcta la regla de las 500 calorías?
Está muy extendida, pero no aparece en ninguna de las fuentes utilizadas aquí y, por eso, no se presenta como una afirmación demostrada. Además, en la práctica varía mucho: con una necesidad de 3.000 kilocalorías quedarían 2.500, mientras que con 1.800 solo quedarían 1.300, un valor cercano al límite a partir del cual la ingesta debe supervisarse médicamente.
¿Cuánto puedo perder por semana?
El centro de asesoramiento al consumidor recomienda, según el peso inicial, entre 500 gramos y un máximo de 1 kilogramo por semana; el BZfE, entre 1 y 2 kilogramos al mes. El IQWiG lo expresa en porcentajes: según el peso inicial, las médicas y los médicos recomiendan perder entre un 5 y un 10 % del peso en un plazo de 6 a 12 meses.
¿Disminuye mi metabolismo basal al perder peso?
Según el IQWiG, el metabolismo basal depende sobre todo de la proporción de masa muscular respecto al peso, y al perder peso también disminuye la masa muscular; por ello, el cuerpo necesita menos energía. Solo el Centro de Asesoramiento al Consumidor menciona una cifra sobre la magnitud: con dietas exprés repetidas, una reducción permanente del 10 al 40 %. Esta cifra se presenta sin una referencia individual y ninguna otra institución la confirma.
¿Protegen una mayor ingesta de proteínas o el entrenamiento de fuerza los músculos al adelgazar?
En las recomendaciones de la DGE, el IQWiG, el BZfE y el Centro de Asesoramiento al Consumidor no se encuentra ninguna sobre el entrenamiento de fuerza durante una pérdida de peso. En cuanto a la ingesta de proteínas durante una dieta hipocalórica, la DGE señala expresamente que, debido a la baja calidad metodológica de los trabajos de revisión analizados, no está claro cómo influye una alimentación rica en proteínas en el marco de una dieta con restricción energética. En cambio, sí está demostrado el efecto de la actividad física en general: según el IQWiG, después de doce meses los participantes físicamente activos perdieron casi dos kilogramos más.
El déficit está claro: ¿qué llena el vacío?
La magnitud del déficit la determina el cálculo. En él no se indica con qué llenas la energía restante ni cómo reacciona tu cuerpo a las grasas, los carbohidratos y el ejercicio; para eso existe el análisis genético. No sustituye el cálculo.
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Fuentes
- Centro Federal de Nutrición (BZfE): El camino hacia un peso saludable, actualizado en 2026 — bzfe.de
- Instituto para la Calidad y la Eficiencia en la Atención Sanitaria (IQWiG): causas de la obesidad, así como programas y medicamentos para adelgazar, actualizado en 2022 — gesundheitsinformation.de
- Centro de Asesoramiento al Consumidor: dietas exprés, actualizado en 2022, así como programas para adelgazar: esto es lo que debes tener en cuenta al elegirlos, actualizado en 2025 — verbraucherzentrale.de
- Sociedad Alemana de Nutrición (DGE): Dietas y ayuno, así como dietas de fórmula (DGEinfo 4/2018) — dge.de
- Sociedad Alemana de Nutrición (DGE): ¿Cómo influye la ingesta de proteínas en nuestro peso? y guía de la DGE sobre las proteínas — dge.de
- Centro Federal de Nutrición (BZfE): La biología detrás del efecto yo-yo, edición de 2024 — bzfe.de
La indicación de entre 1 y 2 kilogramos al mes procede de la fuente [1]. La definición del efecto yo-yo, los datos sobre el metabolismo basal, la masa muscular y la proporción de aproximadamente el 70 por ciento de las necesidades calóricas, el 5 al 10 por ciento en 6 a 12 meses y los casi dos kilogramos mediante actividad física proceden de la fuente [2]. Todos los datos sobre los límites inferiores (1.200 o 1.500 kilocalorías, menos de 1.000 kilocalorías), las dietas exprés, el límite de IMC de 25, los profesionales adecuados, las personas mayores y la cifra de «10 a 40 por ciento» para el metabolismo basal proceden de la fuente [3]; esta última aparece allí sin una referencia individual y en el texto se atribuye expresamente a dicha fuente. También proceden de la fuente [3] los requisitos relativos a la estructura de un programa en fases de pérdida de peso, transición y seguimiento. La afirmación de que mantener el peso es más difícil que perderlo, así como el volumen de actividad física de los estudios citados, proceden de la fuente [2]; la afirmación sobre una alimentación más saludable a largo plazo y el mantenimiento de los nuevos hábitos procede de la fuente [1]. Las afirmaciones sobre las dietas de fórmula, incluido el límite de tres semanas, y sobre la pérdida de peso lenta por etapas proceden de la fuente [4]. La evaluación de que los datos sobre las proteínas en una dieta hipocalórica no son concluyentes procede de la fuente [5]. El enfoque de investigación citado sobre las células grasas y el efecto yo-yo procede de la fuente [6]. Ninguna de las seis fuentes indica una cifra para el tamaño de un déficit calórico diario; por ello, el artículo no incluye deliberadamente ninguna. Los datos de los productos proceden de las páginas de productos de mybody®x, consultadas el 5 de agosto de 2026.
Equipo editorial y especializado de mybody®x
Metabolismo energético Ciencia de la nutrición Nutrigenética
Este artículo fue elaborado y revisado por el equipo editorial y especializado de mybody®x. El equipo reúne conocimientos especializados en nutrigenética, microbioma y ciencia intestinal, interpretación de análisis de sangre, ciencia de la nutrición y diagnóstico de laboratorio.
Publicado el 5 de agosto de 2026 · Última actualización: 5 de agosto de 2026
Aviso médico: Este artículo tiene fines informativos generales y no sustituye el asesoramiento, el diagnóstico ni el tratamiento médicos. Una ingesta energética por debajo de los límites indicados debe realizarse bajo supervisión médica. En caso de enfermedades preexistentes, durante el embarazo y la lactancia, en edades avanzadas y si existe antecedente de trastornos alimentarios, la pérdida de peso debe contar con supervisión médica.


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