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¿Qué son las grasas trans y cómo te perjudican realmente?


Seguro que alguna vez has oído hablar de las «grasas trans», normalmente en voz baja y relacionadas con la comida rápida, las patatas fritas de bolsa o la bollería. Pero ¿qué hay exactamente detrás de ellas y por qué son un tema tan importante para tu salud?

Dicho de forma muy sencilla: las grasas trans son ácidos grasos insaturados cuya estructura química ha sido modificada. Esta modificación las convierte en un auténtico problema para nuestro organismo. La mayoría se producen cuando los aceites vegetales líquidos se endurecen industrialmente para hacerlos untables y muy duraderos.

Qué son realmente las grasas trans, explicado de forma sencilla

Una selección de alimentos poco saludables, como donuts y patatas fritas, que a menudo contienen grasas trans

Imagina las grasas de tu cuerpo como piezas que encajan a la perfección. Para que todo funcione sin problemas, tienen que encajar perfectamente. Las grasas saludables e insaturadas tienen de forma natural una forma ligeramente doblada. Esto las hace flexibles, ideales para unas paredes celulares móviles y un metabolismo saludable.

Las grasas trans industriales son diferentes. Tienen una estructura antinatural, rígida y recta. Podríamos compararlas con una llave doblada que ya no encaja en la cerradura. En lugar de cumplir sus funciones en el organismo, bloquean procesos importantes y, a largo plazo, pueden provocar problemas de salud graves.

Las grasas trans de un vistazo

Aquí tienes un resumen rápido de las principales características de las grasas trans:

Característica Descripción
Origen Principalmente mediante la hidrogenación industrial de aceites vegetales
Estructura Estructura rígida y antinatural en comparación con las grasas saludables
Utilidad industrial Hace que los productos duren más, sean termoestables y tengan una textura optimizada
Presencia En alimentos fritos, productos de panadería, platos preparados y margarina
Salud Ningún beneficio; aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares

En resumen: son prácticas para la industria, pero problemáticas para tu salud.

Por qué la industria alimentaria las adoraba (antes)

Para los fabricantes de alimentos, las grasas trans fueron durante mucho tiempo un auténtico golpe de suerte. Mediante la llamada hidrogenación parcial, los aceites vegetales baratos se transformaban en grasas sólidas con ventajas insuperables:

  • Durabilidad extrema: Las galletas, las crackers y los platos preparados se mantenían frescos y crujientes durante semanas.
  • Consistencia perfecta: Aportaban una textura tierna a los cruasanes o un toque cremoso a las cremas para untar.
  • Alta resistencia al calor: Ideales para freír, ya que soportan altas temperaturas sin volverse rancias.

Estas propiedades las convirtieron en un ingrediente estándar de innumerables alimentos procesados. Sin embargo, el precio para la salud es alto, porque tu cuerpo simplemente no sabe qué hacer con estas grasas artificiales.

El límite superior recomendado es insignificante

Las organizaciones sanitarias de todo el mundo coinciden: las grasas trans no ofrecen ningún beneficio para la salud. Al contrario, pueden alterar considerablemente tu metabolismo de las grasas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de grasas trans a menos del 1 % de la ingesta energética diaria.

En una dieta media de 2000 calorías al día, eso equivale a unos insignificantes 2,2 gramos. Esta cantidad se alcanza de forma alarmantemente rápida, a menudo con un solo bollo berlinés o una ración de patatas fritas de freidora.

Precisamente este conocimiento es el primer paso para entender por qué es tan importante examinar detenidamente la lista de ingredientes. Solo así podrás tomar decisiones conscientes para tu salud.

La diferencia entre las grasas trans naturales y las industriales

Una vaca en un prado que representa las grasas trans naturales presentes en la leche y la carne Cuando hablamos de «grasas trans», muchos meten todo en el mismo saco. Pero eso es un error. Para entender realmente qué contiene tu comida, debes conocer una distinción fundamental: existen grasas trans naturales y grasas trans producidas artificialmente.

Tu cuerpo reacciona de manera completamente distinta a ambos tipos. Este conocimiento es la clave para tomar las decisiones adecuadas para tu salud en el supermercado.

En realidad, la propia naturaleza produce grasas trans, aunque solo en pequeñas cantidades. Se forman en el rumen de los rumiantes —es decir, en vacas, ovejas o cabras— mediante procesos bacterianos normales. Por eso encuentras grasas trans naturales en alimentos como la mantequilla, el queso y la carne de vacuno y cordero.

Según los conocimientos actuales, estas variantes naturales, en las pequeñas cantidades habituales, parecen no tener ni de lejos los efectos perjudiciales de sus equivalentes industriales.

El peligro artificial de la fábrica

El verdadero peligro sobre el que los expertos en salud llevan años advirtiendo acecha en las grasas trans producidas industrialmente. Son el resultado de un truco químico llamado «hidrogenación parcial». En este proceso, se añade hidrógeno a aceites vegetales líquidos a alta presión y temperatura para hacerlos sólidos y untables.

Este proceso retuerce la estructura química de los ácidos grasos de una manera antinatural. El resultado son las problemáticas grasas trans, con las que tu cuerpo apenas sabe qué hacer.

El propósito de la hidrogenación industrial era simple: transformar aceites vegetales baratos en grasas duraderas y que aportaran textura para productos de panadería, grasas para freír y platos preparados. Pero el precio lo paga tu salud.

Antes, estas grasas se encontraban prácticamente en todas partes. Hasta 2013, la ingesta diaria media de grasas trans en Alemania era de aproximadamente 1,6 gramos al día, un valor que se debía casi exclusivamente a alimentos procesados industrialmente. Puedes encontrar más información sobre la situación de aquel entonces en la información técnica de la Sociedad Alemana de Nutrición.

Por qué es tan importante la diferencia

La clave está, por tanto, en el origen y, sobre todo, en la cantidad. Mientras que las grasas trans naturales se consideran inocuas en cantidades moderadas, las variantes industriales son las auténticas villanas para tu sistema cardiovascular.

Estas son las diferencias principales de un vistazo:

  • Origen: Se producen de forma natural en el rumen de los rumiantes, frente a su producción artificial mediante el endurecimiento industrial de aceites vegetales.
  • Cantidad: Baja concentración en la carne y los productos lácteos, frente a una concentración a menudo elevada en alimentos ultraprocesados.
  • Efecto sobre la salud: Hasta ahora no se han demostrado efectos claramente negativos de las grasas trans naturales, frente a los efectos perjudiciales demostrados de las grasas trans industriales para el corazón y la circulación.

Pero no se trata únicamente de las grasas trans. Un desequilibrio general entre distintos tipos de ácidos grasos también puede perjudicar a tu organismo. Por eso, es mejor no centrarse en un solo tipo de grasa, sino tener en cuenta el conjunto. Si quieres profundizar en la importancia de las grasas adecuadas para ti, lee nuestro artículo sobre los ácidos grasos omega-3.

Cómo las grasas trans ponen en riesgo tu salud cardiovascular

Ahora la cosa se pone seria. Sabemos que las grasas trans industriales son problemáticas, pero ¿por qué? Imagina tus vasos sanguíneos como un sofisticado sistema de conductos que abastece a cada célula de tu cuerpo de todo lo que necesita. Aquí, las grasas trans industriales actúan como pequeños saboteadores que provocan alteraciones en dos puntos decisivos.

Su principal objetivo: tu nivel de colesterol. Alteran el delicado equilibrio entre el colesterol LDL «malo» y el colesterol HDL «bueno». Y precisamente este doble efecto negativo las convierte en una auténtica amenaza para tu sistema cardiovascular.

El doble golpe contra tu colesterol

En primer lugar, las grasas trans aumentan el colesterol LDL (lipoproteína de baja densidad). Quizá lo conozcas como el colesterol «malo», y con razón. Tiende a acumularse en las paredes internas de las arterias. Con el tiempo, estos depósitos, también llamados placas, pueden endurecerse, estrechar los vasos sanguíneos y dificultar el flujo sanguíneo. Esto aumenta el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.

Al mismo tiempo, hacen algo más: reducen el colesterol HDL (lipoproteína de alta densidad). Este es el colesterol «bueno», que cumple una importante función protectora. Imagínatelo como una especie de servicio de recogida de residuos para tus arterias. Recoge el exceso de colesterol y lo transporta al hígado, donde se descompone. Cuando disminuyen tus niveles de HDL, este importante proceso de limpieza deja de funcionar correctamente.

Este doble ataque —más LDL perjudicial y menos HDL protector— es el núcleo del problema. Si quieres profundizar en cómo influir positivamente en tus niveles de colesterol, consulta nuestra guía sobre la reducción del colesterol LDL.

El siguiente gráfico deja claro de un vistazo hasta qué punto incluso pequeñas cantidades de grasas trans afectan a los niveles de lípidos en sangre y al riesgo de enfermedad.

Infografía que muestra cómo las grasas trans aumentan el colesterol LDL, reducen el colesterol HDL y elevan el riesgo de enfermedades cardíacas.

Los datos hablan claro: incluso un consumo reducido de grasas trans empeora notablemente los niveles de lípidos en sangre y aumenta de forma significativa el riesgo de enfermedades cardíacas.

Más que un simple problema cardíaco

Pero los efectos perjudiciales de las grasas trans no terminan en el corazón. Pueden desencadenar reacciones negativas en cadena en todo el organismo.

  • Favorecen la inflamación: Las grasas trans industriales pueden avivar inflamaciones crónicas de baja intensidad en el organismo. Estas «inflamaciones silenciosas» se consideran un factor de riesgo para muchas enfermedades de la civilización moderna.
  • Resistencia a la insulina y diabetes: Hay indicios de que un consumo elevado de grasas trans vuelve a las células menos sensibles a la insulina. Esto puede provocar resistencia a la insulina, un precursor directo de la diabetes tipo 2.
  • Daño de las membranas celulares: La estructura rígida y antinatural de estas grasas puede alterar la flexibilidad y el funcionamiento de las paredes celulares. Esto, a su vez, desajusta importantes procesos metabólicos.

El mensaje es claro: tu cuerpo no necesita para nada las grasas trans industriales. Cada gramo que evitas es una ganancia para tu salud a largo plazo.

Este conocimiento es fundamental. No se trata de prohibirte todo, sino de tomar decisiones conscientes sobre alimentos que nutran tu cuerpo en lugar de sobrecargarlo. En la siguiente sección te mostraremos de forma muy práctica dónde se esconden los culpables en el supermercado.

Dónde se esconden las grasas trans en el supermercado

Una persona mira la lista de ingredientes de un producto en el supermercado para identificar las grasas trans

Ahora ya sabes lo traicioneras que pueden ser las grasas trans industriales para tu corazón. Pero ¿dónde acechan exactamente? El siguiente paso nos lleva directamente al supermercado, porque es precisamente allí donde las grasas poco saludables son auténticas maestras del camuflaje.

A menudo se esconden en productos en los que menos esperarías encontrarlas. Considera esta sección como tu brújula personal para hacer la compra. Así aprenderás a reconocer las trampas y a esquivarlas con seguridad.

Los sospechosos habituales de los estantes

Algunos pasillos del supermercado son auténticos campos minados de grasas trans. La razón es muy sencilla: las grasas hidrogenadas proporcionan a muchos productos precisamente las propiedades que los hacen tan populares: una larga vida útil, una textura crujiente o una consistencia maravillosamente cremosa.

Mantente especialmente alerta con estos grupos de productos:

  • Productos de repostería y dulces: Los donuts, cruasanes, galletas o productos de hojaldre industriales son los clásicos. Muchas coberturas para tartas y rellenos cremosos también suelen contener grasas hidrogenadas para mantener su estabilidad.

  • Platos preparados y alimentos congelados: Desde la pizza congelada y los palitos de pescado empanados hasta las sopas instantáneas, las grasas trans pueden esconderse en cualquier producto que deba conservarse durante mucho tiempo y ser fácil de preparar.

  • Fritos y aperitivos: Las patatas fritas congeladas, muchas patatas chips e incluso las palomitas para microondas suelen freírse o prepararse con grasas parcialmente hidrogenadas. La razón: estas grasas son extremadamente estables a altas temperaturas y económicas.

  • Margarinas y cremas para untar: Aunque se ha avanzado mucho en este ámbito, algunas margarinas económicas o grasas especiales para hornear todavía contienen grasas vegetales hidrogenadas como base.

Aunque desde 2012 existen iniciativas para reducir las grasas trans, Alemania todavía no cuenta con una ley nacional propia con límites claros. Al menos, desde abril de 2021 está en vigor una normativa aplicable en toda la UE que limita el contenido a un máximo de 2 gramos de grasas trans industriales por cada 100 gramos de grasa del producto. Si te interesa, puedes encontrar más información sobre la situación legal de los ácidos grasos trans aquí.

Tu herramienta más importante: la lista de ingredientes

Dado que los fabricantes de la UE no están obligados a indicar explícitamente las grasas trans en la tabla nutricional, la lista de ingredientes del reverso del envase se convierte en tu mejor aliada. Ahí puedes desenmascarar las grasas ocultas.

Busca términos como «grasa vegetal, hidrogenada» o «grasa vegetal, parcialmente hidrogenada». Estas formulaciones son el indicio más seguro de que hay grasas trans industriales.

Una regla sencilla puede ayudarte: cuanto más arriba aparezca uno de estos ingredientes en la lista, mayor será su proporción en el producto. Y, en general, cuanto más corta y comprensible sea la lista de ingredientes, mejor.

Encuentra y disfruta de alternativas inteligentes

La mejor protección consiste, naturalmente, en elegir alimentos frescos y sin procesar siempre que sea posible y cocinar uno mismo. Pero todos sabemos que en el día a día a veces hay que ir rápido. Para esos momentos, el siguiente resumen te ayuda a tomar mejores decisiones de un vistazo.

Alimentos habituales con alto potencial de grasas trans

Comparación entre productos de riesgo y alternativas más saludables.

Categoría de producto Ejemplos de alto riesgo Alternativas mejores
Productos de bollería Cruasanes industriales, donuts, hojaldre Pan integral, bizcocho casero con aceite de colza, galletas de avena
Aperitivos Patatas fritas, galletas saladas, palomitas para microondas Frutos secos, palitos de verduras con hummus, tortitas de arroz
Grasas para untar Margarina barata, grasas para hornear Mantequilla con moderación, aguacate, crema de frutos secos, untables vegetales de alta calidad
Platos preparados Pizza congelada, productos empanados, sopas preparadas Comidas caseras, ensaladas frescas, yogur natural

Si sustituyes estos productos de riesgo por alternativas inteligentes, no solo le harás un enorme favor a tu corazón. En general, te sentirás más en forma, con más energía y, sencillamente, mejor.

Consejos prácticos para una alimentación baja en grasas trans

La teoría está muy bien, pero el cambio real ocurre en tu cocina. Evitar las grasas trans puede parecer toda una ciencia, pero con unos cuantos trucos sencillos no lo es en absoluto. No se trata de renunciar a todo, sino simplemente de tomar decisiones más conscientes y mejores para tu cuerpo.

La forma más eficaz de recuperar el control es, en realidad, muy sencilla: cocinar tú mismo. Si trabajas con ingredientes frescos y sin procesar, sabes exactamente qué llega a tu plato. Así evitas desde el principio las grasas trans ocultas y le das a tu cuerpo lo que realmente necesita: nutrientes valiosos en lugar de sustancias industriales perjudiciales.

Elegir las grasas adecuadas para tu cocina

Elegir el aceite adecuado es realmente decisivo. No todas las grasas son aptas para cualquier temperatura y, al calentarse, los aceites inestables pueden oxidarse y formar compuestos poco saludables.

Aquí tienes unas sencillas recomendaciones para el día a día:

  • Para cocinar a fuego medio: El aceite de oliva virgen extra o el aceite de colza son una excelente opción. Ambos son relativamente resistentes al calor y, al mismo tiempo, aportan valiosos ácidos grasos insaturados.
  • Para ensaladas y cocina en frío: Los aceites prensados en frío, como el aceite de linaza, de nuez o de cáñamo, son los protagonistas. Están llenos de sensibles ácidos grasos omega-3 y, por eso, nunca deben calentarse.
  • Para dorar intensamente o freír: Cuando necesites calentar mucho la sartén, lo mejor es utilizar aceites especiales para cocinar a altas temperaturas (p. ej., de colza) o mantequilla clarificada, también llamada ghee.

Si utilizas las grasas adecuadas para cada propósito, no solo minimizas el riesgo de generar grasas trans accidentalmente, sino que también haces algo bueno por tu salud. Al fin y al cabo, una alimentación equilibrada es uno de los pilares más importantes para una vida larga y saludable. Por cierto, encontrarás más información en nuestro artículo sobre la alimentación para la longevidad.

Tentempiés inteligentes en lugar de productos procesados

A todos nos pasa: el hambre entre horas suele ser la mayor trampa. En lugar de recurrir a galletas, crackers u otros snacks procesados, que a menudo están llenos de grasas hidrogenadas, puedes preparar alternativas deliciosas y nutritivas con muy poco esfuerzo.

Un tentempié inteligente no solo sacia el hambre, sino que también proporciona energía y nutrientes a tu cuerpo. Es una decisión consciente por tu bienestar, no una solución improvisada.

Prueba estas ideas en casa o cuando estés fuera:

  • Un puñado de frutos secos sin sal, como almendras o pistachos.
  • Bastones de verduras (zanahorias, pepinos y pimientos) con una deliciosa salsa de hummus.
  • Una manzana con un poco de crema de frutos secos.
  • Yogur natural con frutos rojos frescos y unos copos de avena.

Estos pequeños hábitos marcan una enorme diferencia a largo plazo. Así no solo evitas las grasas trans, sino que, de paso, también reduces el azúcar y los aditivos innecesarios. De este modo, asumes activamente la responsabilidad de tu salud, bocado a bocado.

¿Todavía tienes preguntas sobre las grasas trans? Aquí están las respuestas.

Ahora hemos aprendido mucho sobre las grasas trans: qué son, dónde se esconden y cómo evitarlas. Pero, por experiencia, al final suelen quedar algunas preguntas muy concretas. Vamos a aclararlas para que puedas manejar las grasas con total seguridad.

¿Las grasas trans naturales de los productos lácteos también son un problema?

Aquí podemos estar tranquilos. Las grasas trans naturales, presentes en pequeñas cantidades en la leche, el queso o la carne de res, según los conocimientos actuales, parecen no tener los mismos efectos perjudiciales que las variantes industriales.

Esto se debe, por un lado, a la concentración mucho menor y, por otro, a su estructura química ligeramente diferente. Por eso, las recomendaciones sanitarias oficiales se dirigen claramente a las grasas trans producidas artificialmente. Así que un yogur o un trozo de queso no son motivo de preocupación.

¿Cómo puedo detectar las grasas trans si no aparecen indicadas por separado?

Esta es, de hecho, la parte más complicada, porque en la UE las grasas trans no tienen que aparecer por separado en la tabla nutricional. Por eso, tu herramienta más importante sigue siendo la lista de ingredientes del reverso.

Presta mucha atención a estas dos formulaciones reveladoras:

  • «grasa vegetal hidrogenada»
  • «grasa vegetal parcialmente hidrogenada»

Si encuentras uno de estos términos, es una clara señal de alerta. Como regla general, cuanto más larga y complicada sea la lista de ingredientes de un producto ultraprocesado, más probable es que también esconda grasas poco saludables.

¿La forma más sencilla de evitar las grasas trans? Opta por alimentos frescos y sin procesar. Así mantendrás el control total sobre lo que llega a tu plato.

¿También pueden formarse grasas trans al cocinar en casa?

En teoría, sí, pero aquí el contexto es muy importante. Si calientas ciertos aceites vegetales a temperaturas muy altas y, sobre todo, los reutilizas constantemente, como sucede al freír en una freidora, efectivamente pueden formarse pequeñas cantidades de grasas trans.

Sin embargo, para cocinar normalmente en la sartén, estas cantidades son tan mínimas que no se pueden comparar con los procesos industriales. Para estar completamente seguro: utiliza grasas resistentes al calor, como el aceite de colza o un aceite especial para cocinar, y evita calentar el aceite tanto que empiece a humear.

¿Existe una cantidad de grasas trans que todavía se considere segura?

La respuesta de organizaciones sanitarias como la OMS es clara: no. Las grasas trans industriales no tienen ningún beneficio para la salud y, por eso, tampoco existe un límite seguro.

La recomendación es reducir su consumo lo máximo posible, idealmente hasta cero. Tu cuerpo simplemente no necesita estas grasas artificiales. En lugar de preocuparte por los valores límite, es mucho más inteligente y saludable eliminar sistemáticamente de tu dieta los alimentos procesados con grasas hidrogenadas.


Tu cuerpo es único y tu metabolismo tiene necesidades completamente individuales. Si quieres entender qué grasas y nutrientes son los más adecuados para ti, los análisis de mybody-x.com pueden ofrecerte información valiosa. Descubre con un test de ADN metabólico cómo adaptar tu alimentación a tu predisposición genética para alcanzar tus objetivos de salud de forma eficaz.

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